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Historias de mi cerámica

Los Aguarales de Valpalmas.

Los Aguarales de Valpalmas. Impresionante descubrimiento a media hora de casa. Excursión de mañana dominical con José Luís; hacía tiempo que me habían contado historias de la existencia de estas formaciones naturales cerca de Valpalmas, hoy por fin las he disfrutado.

La intuición creativa de la arcilla en su medio ambiente ha creado un museo natural de esculturas de barro.

Por fin!, el Título.

Por fin!, el Título. Conseguí el título el año 1980 con la calificación de “notable” después de una reválida en la Llotja y un trabajo fin de curso. Lo tenía que firmar el ministro en nombre del rey en Madrid, según me contaron el título tuvo que hacer varios viajes hasta que lo enviaron en castellano para que allí lo pudieran firmar. Al final, tal como figura en el original se firmó el 7 de julio de 1987, siete años después.
Mi dejadez y pasotismo ante mi título, hizo que mi padre fuera a recogerlo personalmente tiempo mas tarde, pero al fin el título llego a casa.

¿Para qué me serviría el título?...
Hace pocos días me sucedió lo siguiente:

Una semana antes del inicio del curso escolar, me telefonearon de la Escuela de Artes de Zaragoza para comunicarme que había una plaza vacante de maestro de taller de cerámica y que salía la oposición al día siguiente, me incitaron a presentar la instancia a la vez que me comunicaban su interés para que pudiera formar parte del profesorado artístico de la Escuela.

Agradecido y asesorado, presente mi instancia vía internet y fax, al día siguiente (antes de que acabara el plazo a las 12 h.), en la misma Jefatura de Educación presenté mis credenciales como futuro maestro.

Las ilusiones querían invadirme aunque siempre he creído que el futuro está escrito en las estrellas…
El lunes siguiente, consulté las listas de maestros, mi plaza era para otra persona, Mª Ángeles Barcelona, alumna recién salida de la propia Escuela y que también se había presentado, me superaba en puntos por sus méritos en titulaciones varias. La telefoneé para felicitarla y confirmar la realidad.

Es mi segundo intento para maestro en la Escuela de Artes de mi ciudad; está vez tampoco era el momento, es el destino, estoy mucho más tranquilo sin responsabilidades de profesorado, mi sitio está aquí en mi taller, por ahora…

Titulitis.

Titulitis. A mis veintitantos, la titulitis siempre me había producido adversidad, no me interesaba para nada. La generación de mis padres no opinaba de la misma manera, ellos con su esfuerzo habían conseguido ofrecerme una educación en colegio de pago y deseaban que finalizara mis estudios de la mejor manera posible.

Yo quería ser artista, para eso no era necesario ningún título que lo ratificara.
Los últimos años fueron duritos en este aspecto, la rebeldía juvenil quería darme la razón entre decisiones pasionales, amores y búsqueda de libertad.
Acabé mis estudios en el 1981 con veinticuatro años.

Antes de despedirme de la Escuela quedaban atrás dos estancias veraniegas con el alfarero de Naval (Huesca), nueve meses con el puesto de cerámica en las Ramblas, trabajos de colaboración con el ceramista Joan Rebés, muchas horas de torno en la bóvila de Malgrat (Barcelona), además de las actividades “no cerámicas”, como los nueve meses de “pipa” con la Orquesta Platería recorriendo toda la geografía catalana y más allá…compartiendo escenario con Secta Sónica, la Dharma, Sisa, Orquesta Mondragón y hasta Jorge Sepúlveda…increíble!

Al final de mis estudios ya había presentado dos exposiciones en Zaragoza, con mis primeras piezas, con lo único que tenía. ¡qué atrevido!.

El título de la Massana.

El título de la Massana. Cuando llegué de estudiante a Barcelona con 18 años, en ningún momento me interesaba conseguir un título para mi futuro profesional, sólo tenía ansias de aprender, descubrir y encontrar mi futuro más cercano.

Los dos primeros cursos oficiales me harían escoger una especialidad en tercero, fue la cerámica…nunca me arrepentiré, era mi gran descubrimiento.

Mi profesión ya no podría tener marcha atrás, esta elección sólo me permitiría la posibilidad de seguir creciendo…

Durante el primer curso 76 – 77, compaginé el curso en diferentes pensiones y pisos, con diferentes trabajos (administrativo-botones-multifunción, camarero,…)

Un placer por fin poder aprobar todo sin esfuerzo y disfrutar estudiando dibujo, geometría, historia del arte, etc…

En la foto: el carnet de la Massana. 1976

Expo 2009.

Expo 2009.

“La Exposición”

Hablando con Ángeles me comentaba que la exposición del Fortea, es:”La Exposición”.
Una muestra que marca; con el compromiso de la “individual”.

Durante la Feria de Cerco, esta sala es visitada por un número increíble de gente, el mundo cerámico que visita Zaragoza, recorre las diferentes exposiciones paralelas a la Feria. Todavía mas responsabilidad para “desnudarte” ante los colegas.

Esta sala de exposiciones, se encuentra ubicada en plena Plaza San Felipe, con tanta historia cerámica sobre sus adoquines, un espacio recogido, íntimo, silencioso, con arcos de ladrillos en los sótanos de este edificio de los siglos XV – XVI que alberga la sede de la Sociedad Cultural responsable de las actividades culturales del Ayuntamiento de Zaragoza.

Mientras tanto no paro de dar vueltas y vueltas por el taller, en busca de la inspiración, sintonizando la emisora de radio, palpando la humedad deseada de la arcilla, saboreando el vino o pesando esmaltes, cassetes o cd,s escogidos para acompañar ese momento oportuno, escribiendo anotaciones, dibujando cuatro rayas que puedan ayudarme a crear,…
Soñando sin cerrar los ojos, trato de utilizar adecuadamente mis tres herramientas imprescindibles: Intuición, Fe e Inocencia.

Dentro de ocho meses espero tenerlo mas claro.

En la foto: un rincón más del taller que me acompaña horas y horas.

Expo 2009.

Expo 2009.

Después de toda la parafernalia de la Expo de Zaragoza 2008, después de todo el despliegue de medios para esta esperada y deseada Expo, después de su clausura hace apenas 10 días, nosotros ya estamos preparando la “exposición del 2009”.

El 28 de abril de 2009, inauguro exposición en el Torreón Fortea de Zaragoza.
Allí exponemos ceramistas aragoneses con motivo de la Feria de CERCO, un trato con el Ayuntamiento de la ciudad, desde el inicio de esta Feria Internacional van pasando por orden alfabético los ceramistas seleccionados por la delegación de cultura de la institución.

Ángeles Casas, Antonio Cobos, Javier Fanlo, Juan Jiménez,…

“M” de Malo. Me han confirmado las fechas. Exposición, ¿qué exposición?.

- Contar y compartir, historias que la cerámica me enseña.

En la foto: En Santa Fe de Montseny, me abrazo a la Secoya para buscar inspiración y ser consciente de lo pequeño que soy, de mis limitaciones y de mi sentimiento de estar de paso, siempre de paso…

Wikipedia: La Secoya Gigante es el organismo vegetal más grande del mundo en términos de suma del volumen. Crecen a una altura media de entre 50 a 85 m y de 5 a 7 m de diámetro. Se tienen referencias de árboles que han existido de 94 m de altura y 8,85 m de diámetro. La Secoya Gigante, conocida y más vieja con 3.200 años, se calculó su edad, con el recuento de sus anillos de crecimiento.

Humo de la cocción en Naval.

Humo de la cocción en Naval. Pasados dos o tres días de la cocida, antes de sacar las piezas del horno, era tradición en el alfar de Naval, compartir patatas con sardinas entre los “hombres destacados” del lugar, en aquella ocasión fui invitado junto al farmacéutico, el medico y demás personas que en aquella edad yo no podía definir su posición, pero podía presentir su importancia.

Al final de la tarde Paco con su ancho cuerpo se introducía por la estrecha abertura de la caldera del horno todavía caliente, las desgastadas zapatillas eran su única protección ante aquel infierno vivo, con una pala y los capazos sacaba al exterior las brasas todavía rojas de la gran hornada. Aquellas brasas servían para asar las patatas que mezcladas en la hortera de barro con las sardinas rancias serían el mejor manjar para celebrar la hornada.
Sabrosos bocados y tragos de vino entre intercambio de conversaciones bautizaban las piezas que a lo largo de los días siguientes se irían sacando poco a poco del horno.

En la foto: Humo de la cocción en Naval.

Hornada en San Mateo.

Hornada en San Mateo. La hornada programada ya se ha enfriado, las sorpresas resultan agradables y casi controladas.

Las piezas salen al mundo exterior para ser manoseadas, compartidas, para viajar o ser olvidadas en alguna estantería, pueden convertirse en objetos materiales o tal vez en pequeñas sensaciones placenteras.

Hornada en Naval.

Hornada en Naval. La hornada comenzaba a medio día. Los fardos de aliaga, romero y boj ya estaban secos en la parte alta del alfar. Poco a poco se iba introduciendo la leña por la boquera del horno. Los dos alfareros del pueblo se ayudaban en las hornadas, era una responsabilidad mutua, una complicidad gremial. Al llegar la noche el ritmo de carga del horno aumentaba y era necesaria la participación de los dos. El claro de luna se compartía con los cigarros, las charradas, el calor iluminado del horno y alguna media cabezada de descanso.
Después de casi dieciocho horas, antes del amanecer ya se habían sacado la muestras de la parte alta del horno para controlar el color y el sonido de la arcilla, el maestro alfarero estaba a punto de dar por concluida la cocción, el olor a humo, el sudor y la satisfacción de haber dado vida a tantas piezas daba paso al descanso.

En la foto: Ángel Echevarría atizando la boquera del horno.

Esmaltado en San Mateo (2).

Esmaltado en San Mateo (2). Hoy las materias primas llegan al taller a golpe de teléfono o e-mail, son productos depurados, partidas controladas que nos pueden dar resultados excesivamente monótonos. Hemos de esforzarnos para aportar la creatividad suficiente que las haga distintas cada una.

Las impurezas, la inquietud y la sorpresa nos aproximan a la realidad de la vida, crean piezas únicas y especiales que suelen producir una satisfacción especial.

Barnizado en Naval (2).

Barnizado en Naval (2). El barniz era de sulfuro de plomo (hoy prohibido), añadía sílice y un poco de harina para darle consistencia. Se bañaban las piezas en crudo bien secas. Antes se había aplicado la decoración con la tierra blanca (engobe), arcilla cogida en una fuente próxima. La decoración se realizaba con una caña cortada con diferentes formas.

En la foto: Ángeles Casas a la derecha decorando nuestras piezas, junto a la pila para la preparación de la arcilla (1980).

Esmaltado en San Mateo.

Esmaltado en San Mateo. En estos tiempos, esmalto también por baño, utilizo normalmente tres colores que juegan con la superposición de capas para dar diferentes tonalidades.
Son esmaltes de producción propia para gres, se aplican sobre bizcocho y se cuecen en alta temperatura a 1250º.

Barnizado en Naval.

Barnizado en Naval. Feliseta, cuñada de Paco, le pasa uno a uno los pucheros para aplicarles el vidriado. Paco no se desprendía jamás de su “celtas corto”.

Feliseta cada día subía a la alfarería un cubo de agua en una mano y el almuerzo de Paco en la otra. El agua era la necesaria para lavarnos las manos, humedecer el engobe y para beber el perro.

El almuerzo bajo un paño solía esconder el pan, embutido, tortilla o carne y la indispensable botella de vino. Era un momento sagrado, Paco se sentaba, descubría el plato y comenzaba a dar cuenta sobretodo del vino tinto que nunca le faltaba y al que nunca le hacia ascos. Al final del almuerzo, como si de un rito se tratase, el último “cuscurro” de pan era para el perro. ¡Toma “Perdiguer”! siempre atento.

La radio era el hilo de conexión con el mundo exterior, Radio Nacional, a las doce después de las noticias solían cantar jotas.

Horno de Naval.

Horno de Naval. El horno de la alfarería estaba en la última estancia del edificio, bajo cubierto, tendría entre 2 y 3 metros de diámetro. Pocas veces aparecíamos por su penumbra, pero cada vez que me acercaba a él sentía la imponente capacidad de transformación de ese altar alquimista.

Era un espectáculo verlo cargar con esa delicadeza, sin placas ni soportes, entraban miles de piezas, Paco con sus más de cien kilos se movía entre las piezas calculando con precisión aquella orquestación de barro.

Horno de San Mateo.

Horno de San Mateo. Ahora aquí en el siglo XXI, cargo el horno con jarrones, con pucheros, casi todo piezas de torno.
El recuerdo me transporta a los días de trabajo con Paco Buetas en Naval. Pasados unos cuantos años volví a visitarlo y el alfar se había transformado, presidía la entrada un horno de gas, muy parecido a los míos, que había comprado en la Bisbal.

Me contaba con ese silencio de alegría y desgana, las maravillas que podían ofrecer esas bombonas naranjas de gas propano.

Producción en el obrador.

Producción en el obrador. En 1940, en Naval estaban en activo 22 alfareros, en 1952 quedaban unos 6 o 7, en 1979 cuando yo estuve sólo quedaban 2, Francisco Buetas y Ángel Echevarría.

La foto es de julio de 1980, los pucheros, las jarras y las tazas se secan en el obrador.
El trabajo de alfarería se realizaba durante los meses de verano, el día es mas largo, las piezas se pueden secar mejor, al final del verano con la leña bien seca se podían preparar las hornadas.

El torno de Naval.

El torno de Naval. Un gran placer sentarme en ese torno que tanto había girado, un privilegio que el alfarero me dejara su asiento, su espacio.
La alfarería no tenía electricidad ni agua corriente, se comenzaba a trabajar cuando la luz entraba por la ventana y se paraba cuando la vista se confundía con el ambiente húmedo del barro.

La arcilla de la zona que se había preparado en las balsas, se amasaba y se aplastaba contra la pared de yeso para que absorbiera el exceso de humedad.

Paco Buetas. Alfarero de Naval (Huesca).

Paco Buetas. Alfarero de Naval (Huesca). 1979.

Llegué a Naval con la mochila, tienda de campaña y mi compañera, no existía ningún camping. Paco Buetas, que había sido alcalde del pueblo nos indico dónde plantar la tienda; cerca de la fuente de las Escuelas, para podernos lavar la cara después de salir el sol.
Fue mi gran maestro, un sabio alfarero que dejó mucha huella en mí.
Sus grandes manos las formaban cinco dedos imponentes, parecía mentira que pudieran salir de ellos aquellos palilleros de 4 cm. Eran unas manos rudas, que habían trabajado mucho, pero que con el barro se transformaban en una batuta casi mágica.

Historias de Torno.

Historias de Torno.
Trabajar piezas en el torno siempre ha sido para mí un placer. Verme rodeado de vasijas secándose por el taller, ocupando las mesas y estanterías, esperando…
Desde el principio he mantenido un diálogo ameno con ellas, me siento un creador privilegiado cada vez que me propongo dar forma a una pieza, ellas son tremendamente agradecidas.

Mis primeras clases fueron en la Escuela Massana de las manos de Quim Chavarría, una excelente persona y un gran tornero. Durante el verano de los dos últimos cursos de estudios en Barcelona, mi espíritu alfarero me llevo a la alfarería de Paco Buetas en Naval (Huesca), él me abrió sus puertas y su amistad.