El torno de Naval.

La alfarería no tenía electricidad ni agua corriente, se comenzaba a trabajar cuando la luz entraba por la ventana y se paraba cuando la vista se confundía con el ambiente húmedo del barro.
La arcilla de la zona que se había preparado en las balsas, se amasaba y se aplastaba contra la pared de yeso para que absorbiera el exceso de humedad.
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