El niño de Sejenane.
El niño de Sejenane, nos mira con cara de asustado.
Se asusta de los pañales que llegarán algún día, igual que han llagado los bidones de agua y los utensilios metálicos y de vidrio que han cambiado por sus piezas de barro.
Se asusta de que vengamos a llevarnos las cerámicas que hace su abuela, sus padres han aprendido de ella esa manera de realizarlas.
Él ya ha jugado con el barro y ha pisado las boñigas secas de vaca.
Detrás de sus lágrimas recientes hay una gran sonrisa de vida e inocencia, de alegría y naturaleza.
Ojala siga jugando toda su vida con el barro.
Con Lourdes y mis padres, a dos horas de casa entre autovía y aire acondicionado, nos seguía esperando la maravillosa vista de la cordillera esta vez con abundante nieve.
1976, mes de junio.
Anteayer me hizo ilusión comprar los adornos de la palma de ramos en las calles de Zaragoza.