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Restauración

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Palacio de la Aljafería, Zaragoza.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Palacio de la Aljafería, Zaragoza.

Salón del Trono de los Reyes Católicos.
Impresionante artesonado que refleja su diseño en las solerías.

Aquella mañana del 15 de septiembre pudimos disfrutar como grandes privilegiados de los rincones más especiales del Palacio. Antonio y Héctor Ceruelo con sus objetivos consiguieron plasmar la belleza, la estética y la laboriosidad de la cerámica en las salas de la Aljafería.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Palacio de la Aljafería, Zaragoza. Página 34.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Palacio de la Aljafería, Zaragoza. Página 34.

Palacio de la Aljafería, Zaragoza.
Restauración 1996 – 1998.

Salón del Trono y detalle de la solería.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de San Miguel de los Navarros de Zaragoza.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de San Miguel de los Navarros de Zaragoza.

Arrimadero del trasagrario.
La colocación del azulejo de cartabón verde y blanco, parte del diseño de una cruz que se va expandiendo de forma repetitiva e ilimitada, como el universo.
Carlos, un cliente, albañil, amigo y amante del mudéjar, reprodujo en su bodega de Garrapinillos, entre otras virguerías, esta misma obra de azulejería en las paredes. Durante un par de años estuvo visitando mi taller hasta recopilar azulejos, ideas y diseños para su obra de autentico alarife morisco.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de San Miguel de los Navarros de Zaragoza. Página 32.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de San Miguel de los Navarros de Zaragoza. Página 32.

Composición de azulejo de cartabón y azulejo de arista.
Restauración año 1993.

Una preciosa composición de zócalo con solamente dos modelos de azulejo. Sin ordenadores, sin curso asistido de diseño. Geometría y creatividad auténtica.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Torre de la Iglesia de la Asunción de Longares (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Torre de la Iglesia de la Asunción de Longares (Zaragoza).

Vaya torre; siempre una visita agradable, impresiona la fortaleza de la composición del ladrillo, de la cerámica, de sus aristas.
De camino a Cariñena, una buena excusa antes de deleitarnos con los vinos de la garnacha.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona (Zaragoza). Página 29.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona (Zaragoza). Página 29.

Detalle del cimborrio.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona (Zaragoza).

Azulejo liso, pináculos, tubos desagüe (gárgola), colores verde y marrones.
Restauración año 2002, 2006, 2007.

El Cántaro y el Ladrillo

El Cántaro y el Ladrillo

El Cántaro y el Ladrillo

En la alfarería tradicional, el cántaro es la pieza que define en si misma la naturaleza del lugar –el barro, el agua, el fuego – y también su cultura escanciada por su forma, técnica y usos. El cántaro da cobijo al agua, ésta genera vida y es soporte de cualquier existencia. Es la vasija prototipo que se encuentra en la herencia de todos los pueblos, cataliza lo esencial del objeto funcional sumado a la belleza inherente de su logro. En la edificación, el ladrillo o “rejola” -según la tradición lingüística mudéjar- comparte el humilde origen de la arcilla y también idéntico proceso. Su métrica, peso, textura y su color se tornan en forma de construcciones habitables que protegen la vida, favorecen a la supervivencia de la población y sostienen la cultura de quien lo crea.

En el primero de los casos, sólo la pericia y la mano del artesano alfarero que manualmente elabora por sí mismo la pieza consigue el objetivo. En el segundo, con el ladrillo, se necesitan más manos y otros medios para alcanzar y convertirse en el techo protector de las personas, en un refugio. Para ello hace falta que todo sea planificado por la mente creadora del maestro albañil, el constructor o el arquitecto.

El cántaro consigue el anhelado equilibrio entre forma y función en un solo proceso debido a su larga depuración histórica. En la arquitectura no siempre se consigue con las virtudes innatas del ladrillo la misma perfección. El impulso intelectual no consigue, en todos los casos, la tipología como orden supremo. Pero en ambos, con el cántaro y con el ladrillo, se consigue una primera etapa funcional que permite el disfrute privado y colectivo que justifica su elaboración. Aun a pesar de ello, ni el cántaro ni el ladrillo son en sí mismo arte, para conseguir tal estadio hay que implementar un nuevo impulso creador y añadirle el orden, la pureza formal, la textura, el brillo y esas otras cualidades que le dan la individualidad; todas aquellas que lo hacen diferente e identificable por ojo instruido y por sentimiento popular.

Esta reflexión pretende explicar el paradigma de lo mudéjar, esto es, la conquista de lo sublime partiendo de lo más elemental de la naturaleza. El agua y la tierra por medio de la cabeza pensante del artista alfarero; la madera y la sierra en el carpintero o el espacio, la luz y la materia para el arquitecto. Es éste el verdadero compendio cultural que define la tradición cerámica y constructiva del mudéjar español.

Si hay algún artista que mantiene el espíritu mudéjar en Aragón este es, sin duda, Fernando Malo. Un autor que maneja el fuego contra el barro con la ayuda del agua; que tiene la maestría para hacer el cántaro perfecto y a su vez la rejola apropiada tanto para una reintegración necesaria en un edificio histórico como para una exposición didáctica. Más allá del hacedor excelente, Fernando Malo es el creador que con soltura se atreve a traspasar la línea indefinida entre lo artesano y lo artístico y lo hace sin establecer fronteras. Como un “único”, acompañado de una visión total que, como el arquitecto, crea y ordena los materiales, las técnicas y las formas para trascender el mudéjar y portarlo sobre sus hombros más allá del presente siglo XXI.

Fernando Aguerri.

Fernando Aguerri.

*Fernando Aguerri, junto a su hermano José Ignacio Aguerri,son los arquitectos que dirigen las obras de restauración de la Catedral de Tarazona.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Aniñón (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Aniñón (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Aniñón (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Página 22.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Página 22.

Platos de dos tamaños, columnas 50 cm, color verde “aniñón” (verde melado).
Restauración año 2002.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Foto.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Foto.

Salas de Pedro IV. Palacio de la Aljafería. Zaragoza.

Ayer estuvo visitando la exposición Luís Franco, arquitecto en la dirección técnica de la restauración de la Aljafería. Pudimos presumir conjuntamente y poner en valor las solerías del Palacio.

En la foto las salas de Pedro IV, una solería creativa y actual, realizada con un material desnudo y una decoración de óxidos de hierro y manganeso bajo una temperatura de 1250º.
Lo distingue algo único, el que esté realizado a mano, pieza a pieza, el aspecto artesanal, que por desgracia ya no está valorado en estos tiempos que corren.

Podemos valorar un “huevo roto” creado con las manos del sartenero, para llevarlo a la boca y pasarlo con un buen trago de tinto de garnacha, pero hace años que no se sabe apreciar un botijo recién modelado, un azulejo recién pintado, un trocito de barro acariciado…

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Texto José Félix Méndez.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Texto José Félix Méndez.

Fernando Malo y la tradición


La implantación y desarrollo de la industrialización en este país supuso la decadencia y eliminación casi total de los procesos de producción artesanales tradicionales, de tal forma que los que no desaparecieron quedaron tan sólo en actividades marginales orientados como única posibilidad de pervivencia al mercado turístico, lo que de alguna forma pudo considerarse un renacer de la actividad artesanal, pero perdiendo la verdadera esencia de su ser.
Algunos artesanos se aferraron al ejercicio de su trabajo, en la mayoría de los casos heredado de sus antepasados de generación en generación, con un admirable heroísmo y un aceptado dolor sabiendo que con ellos se acababa tradición y oficio, pero también con el desasosiego de sentirse abandonados por quienes tenían la responsabilidad de proteger y estimular el mantenimiento y desarrollo de un saber y un vivir preservado y enriquecido por siglos de ininterrumpida actividad.
Grandes artistas como Picasso o Miró conectaron en algún momento de su evolución artística con la alfarería tradicional para, partiendo del conocimiento de sus diferentes técnicas, descubrir a través de ellas nuevas formas de expresión que abrieron cauces casi ilimitados a su capacidad de creación. Y como ellos, jóvenes artistas, en los años setenta, orientan su actividad creadora hacia el conocimiento y asimilación de las tradiciones artesanales revitalizándolas e introduciéndolas de lleno en los ámbitos del arte.
Fernando Malo es uno de estos valientes artistas que hicieron de la tradición artesanal la razón esencial de su trabajo con la arriesgada elección, en ese momento, de identificar artesano y artista, completando su formación académica con el conocimiento directo de los métodos de trabajo de algunos alfares aún vivos, tanto en la península como en el norte de África.
Pero también adentrándose en el análisis de la alfarería histórica aragonesa y experimentando con sus diferentes procesos de producción consigue dotar a sus creaciones de un especial y determinante valor de identidad convirtiéndose así en un impecable continuador de esa tradición y un maestro para posteriores generaciones.


Ese amplio conocimiento del trabajo que los alfares aragoneses han llevado a cabo a lo largo de los siglos, esencialmente a partir del siglo XIV, le ha permitido orientarse profesionalmente con una proyección que amplía su labor de ceramista, hacia la colaboración con otros profesionales en la restauración de los edificios más emblemáticos de nuestro patrimonio arquitectónico.
Tomando como referencia los modelos históricos conservados en los arrimaderos, zócalos, suelos y decoraciones de los edificios realiza perfectas réplicas con las que ha sido posible restituir y poner en valor elementos o conjuntos cerámicos sin que las aportaciones nuevas perturben o desequilibren la armonía del conjunto.
En este quehacer vinculado con la restauración del patrimonio histórico Fernando Malo ha ido más allá del propio de la reproducción de elementos antiguos dando a su actividad una dimensión experimental para, a partir de diseños, materiales y colores pervivientes, realizar nuevas formas evocadoras de su origen histórico pero totalmente incardinadas en el panorama actual de la creación cerámica.
Así, la ancestral fusión de tierra, agua y fuego, en las manos de Fernando Malo es fusión también de la herencia del pasado y la latente expresión de una vocación creadora que abre perspectivas inéditas y horizontes esperanzadores al desarrollo y evolución del arte de la alfarería desde la esencia misma de la tradición y el amor al oficio elegido, desde la experimentación y el conocimiento, desde la identificación de alfar y taller, en definitiva, desde la unidad de hombre, artista y artesano manifestándose en el objeto creado.
José Félix Méndez



Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de San Miguel. Villafeliche (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Iglesia de San Miguel. Villafeliche (Zaragoza).

Azulejo de arista y azulejo de cartabón.
Restauración año 2001.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Stª y Stª Rufina de Maluenda (Zaragoza).

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Stª y Stª Rufina de Maluenda (Zaragoza).

Iglesia de Stª Justa y Stª Rufina de Maluenda (Zaragoza).
Dos modelos azulejo de arista, dos modelos azulejo sobrecubierta.
Restauración año 2006.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Texto José Luis Corral.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Texto José Luis Corral.

UNA MIRADA AL MUDÉJAR


© José Luis Corral, 2009


En el siglo XIX, una época en la que la Edad Media era contemplada desde una mirada tamizada por la obsesión por lo romántico, a los musulmanes que siguieron practicando libremente su religión bajo dominio político cristiano se les denominó como mudéjares, y este fue el nombre que recibieron las manifestaciones artísticas, especialmente en arquitectura, carpintería y cerámica, que fueron obradas por individuos de este grupo humano.
En el reino de Aragón los mudéjares constituyeron una importante minoría a partir del siglo XII. Establecidos en barrios específicos, las aljamas, en las ciudades más relevantes y en muchos pueblos de las zonas de regadío de los valles de los ríos, se erigieron en avezados agricultores y excelentes artesanos.
Obligados a convertirse al cristianismo a la fuerza en 1526, lo hicieron, pero siguieron practicando de manera clandestina su religión y sus ritos religiosos, lo que provocó la acción en su contra de la Inquisición. Entonces pasaron a denominarse moriscos. No cambiaron mucho sus costumbres ni su dedicación, aunque vieron cómo se cerraban o se derribaban sus mezquitas, cómo eran obligados a bautizarse y cómo se les prohibía celebrar sus ceremonias religiosas islámicas. Pero siguieron siendo expertos agricultores y magníficos artesanos.
En 1609, el rey Felipe III decretó la expulsión de los moriscos de España, pues tras un siglo de conversiones obligatorias no habían olvidado su religión islámica y seguían practicándola y enseñándola a sus hijos de forma críptica en el círculo familiar.
La expulsión de los moriscos, los descendientes de los mudéjares medievales, provocó una crisis económica notable, pero sobre todo privó al reino de Aragón de sus mejores artesanos, especialmente los alarifes del ladrillo y los ceramistas.
En el mundo de los alfares, el impacto fue tan demoledor que la cerámica aragonesa jamás volvió a alcanzar el grado de maestría y calidad que logró en los siglos XV y XVI.
Hace ya trescientos años que los alarifes, los carpinteros y los alfareros mudéjares y moriscos dejaron de construir iglesias cristianas y palacios de la nobleza aragonesa, aleros de madera labrada y artesonados asombrosos, y escudillas y platos de delicados dibujos y reflejos metálicos.
Pero en el paisaje aragonés el "espíritu mudéjar" sigue presente en miles de panorámicas. En las etéreas torres de Teruel, en las calles de Daroca, en las iglesias y palacios de Calatayud y de Tarazona, en el perfil de decenas de pueblos aragoneses, en los que un campanario o un paño de ladrillo mudéjares identifican de un primer vistazo la esencia patrimonial de Aragón.
En el siglo XXI los seres humanos estamos perdiendo algunas referencias que en pasadas centurias fueron esenciales, y seguramente estamos olvidando los sentimientos en la historia. Nos atrae el pasado por lo que tiene de exótico, de misterioso o de iniciático, y porque nos han dicho que en ese pasado, tan desconocido para la mayoría, están nuestra raíces. Lo mudéjar, para Aragón, es una de las más profundas y más definitorias.
Porque nos recuerda, o así debería hacerlo, que algunos de nuestros pasados no fueron tan oscuros, bárbaros o salvajes como el racionalismo de la Ilustración o el positivismo conservador nos presentaron.
Porque hubo un tiempo en el que, en Aragón, fue posible que un alarife musulmán de Calatayud, que se sentía tan aragonés como un mercader cristiano de Borja, fuera contratado para construir una iglesia en la que los cristianos rezaran a Cristo, o una sinagoga en la que los judíos leyeran la Torá, y no se provocara ningún recelo por ello.
Porque hubo un tiempo en el que alarifes, carpinteros y ceramistas mudéjares crearon aquí un universo propio de sensaciones estéticas que todavía podemos contemplar.
Porque hubo un tiempo en el que fue posible, con problemas desde luego, la convivencia de gentes que entendían la religión de forma diferente.
Tres siglos después, recuperado el arte mudéjar aragonés y declarado como patrimonio de la humanidad, Fernando Malo se ha propuesto beber de aquella herencia artística y emocional. Y lo hace desde la modernidad y la experimentación por lo nuevo y lo creativo, pero sin renunciar al reconocimiento del pasado, con su mirada escrutadora hacia lo mejor de la herencia mudéjar, encaramado a los hombros de aquellos gigantes de antaño a los que el maestro Bernardo de Chartres, en el siglo XII, recomendaba a sus alumnos que se subieran si querían ver más allá del horizonte limitador.
Miremos hacia ese pasado con los ojos bien abiertos, aprendamos cuanto tuvo de positivo y sigamos adelante. Sigamos.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Foto.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Foto.

Otra perspectiva de la torre de Ateca.

Aquella mañana fui a buscar al párroco a su casa; al decirle quién era y lo que queríamos, torció el morro preguntándome si era un ceramista de Muel y que la restauración de las piezas comenzaba a fallar porque los colores de las columnas más cercanas al suelo ya se estaban desprendiendo. Pude comprobar que realmente la cubierta del esmalte estaba saltando, pero era de las piezas originales que en su debido momento no se habrían consolidado o protegido lo suficiente por parte de la empresa de restauración. Mis piezas seguían allí, como recién sacadas del horno, recordando la estética musulmana de sus artesanos.

Una visita obligada a Ateca, por tierra mudéjar, no muy lejos de Calatayud.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Foto. Página siguiente.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Foto. Página siguiente.

Torre de la iglesia de Stª María de Ateca (Zaragoza).

Impresionante torre del mudéjar.
Aquí hicimos ataifores (platos) y columnas de 70 cm. con la ayuda de mi querida amiga y colega ceramista Ángeles Casas.

Colores preciosos, verde y miel, con mucho sabor y olor a morisco artesano.
Esta restauración se hizo en el año 2003.
Todavía recuerdo el relámpago que cayó en la torre mientras yo “in situ”, colgado en el andamio, trataba de integrar pictóricamente los ataifores verde y miel que permanecían en la torre.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Foto.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Foto.

Una de las claves importantes del catálogo son las maravillosas fotos de Antonio Ceruelo.

Aquí podemos ver el cimborrio de la Catedral de Ntra. Sra. de la Huerta de Tarazona, fue en nuestra segunda ruta mudéjar a finales del mes de agosto.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Presentación F.Malo.

Alfar Mudéjar siglo XXI. Catálogo. Presentación F.Malo.

Podría ser un sueño o una ilusión el que los alfares mudéjares continuaran su creación artesanal en nuestros días.

Podría ser una realidad que cuatrocientos años después, los artesanos aragoneses que profesaban otra religión diferente a la cristiana, continuaran embelleciendo nuestra vida y nuestro entorno.

La cerámica como fiel testigo continúa siendo un narrador de la historia, la cerámica siempre ha sido el hilo conductor de culturas, civilizaciones, arte,…

Un encuentro casual con el arquitecto encargado de las obras de restauración de la Catedral de La Seo de Zaragoza proponiéndome un reto con la fachada mudéjar de la Parroquieta de San Miguel, supuso una experiencia cerámica que marcaría el trabajo de mi taller a partir de entonces.

La cerámica ha de ser siempre un desafío con los cuatro elementos, un juego creativo que nos libre de la monotonía, que deje espacio para la sorpresa y la imaginación.

Treinta años en el oficio, dieciocho entre cerámica mudéjar, mas de veinticinco monumentos, las ocho capillas de la La Seo de Zaragoza, los 800 m2 de solerías en el Palacio de la Aljafería, hornadas de lujo, noches para olvidar ya olvidadas, viajes, pruebas de colores y nuevos descubrimientos, gran equipo de colaboradores y colaboradoras, amigos y técnicos, andamios, kilómetros, rincones con olores centenarios, ladrillos sobados, torres esbeltas, el sube y baja de escaleras de caracol polvorientas, veletas, palomas, albañiles y encargados de obra, ensayos de laboratorio, electricistas y carpinteros, arquitectos, aparejadores, restauradores, soledad, silencio, frío invernal, cierzo, sol de agosto y botijo, y esa satisfacción de ver colocada nuestra cerámica, para compartir con todos, vecinos, estudiosos, turistas, amigos,… para formar parte de la historia.

Alfar Mudéjar siglo XXI muestra a modo didáctico las diferentes fases de la arcilla, las técnicas utilizadas y los procesos de restauración.
El proyecto es un paseo por la historia de la cerámica en la arquitectura mudéjar.
Nos hará recordar la importancia de la artesanía del barro, de todas las artesanías, de la mano del hombre unida a sus sentimientos, de la importancia de las cosas sencillas y cercanas, del paso del tiempo vivido, del aprendizaje transmitido de generación en generación.

Nuestro Alfar, nuestro Mudéjar y nuestro siglo XXI tratan de unir la tradición, la historia y la modernidad. Aunque parezca que la Edad de la Cerámica está llegando a su fin, aquí se muestra una vez más el poder del barro, el misterio de su alquimia, la sencillez de la arcilla y la fuerza de su lenguaje.


Fernando Malo