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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Asas. Hace cinco meses, comencé a contar historias de asas, de mi relación e interpretación de las asas. Quería hacer un repaso de mi trabajo a través de las asas para llegar hasta mis piezas recientes del 2009. Es toda una labor de investigación y redescubrimiento de mi obra conservada casi siempre en soporte fotográfico. En la foto, las dos piezas que aparecen en la portada del catálogo de la exposición en IberCaja del 2004, las escogí por su tamaño, por su complicación técnica, por su sonido y sobretodo porque me gustaban y me da marcha cada vez que las cojo. (Están en mi sala de exposiciones particular). Arquitectura para pozo. 23 x 23 cm. Aquí el concepto de asa se transforma totalmente, la necesidad de crear pinceladas en el aire me permite introducir arquitecturas de barro para sostenerlas. Casi siempre el barro nace de una pieza torneada, mi espíritu alfarero persiste, la fragilidad aumenta. Esta pieza estuvo en la exposición “Ceramistas de la Plaza San Felipe. 25 años” en el 2007. Ahora descansa en una estantería del taller esperando a ser restaurada, de tanto moverse se partió en tres trozos. ¡Tanta asa, tanta asa! Revisando mis piezas de años anteriores, quiero descubrir la magia de las asas, la excusa, la combinación y la armonía. Las de la foto son las primeras series de aves. Combinan el torno para crear su cuerpo. Asa circular y pico alado. Esta pieza aparece en el cartel de la exposición: “J.Fanlo/F.Malo”. Sala Art Scudellers. Barcelona. Entonces ya flirteaba con Fanlo. El cartel de recia cartulina lo tengo conmigo, la pieza voló…¡gracias a dios!. Esta jarra me acompaña desde que salió del horno, la puedo ver en la colección cuando estoy sentado en la silla de mi ordenador, unas veces con mas polvo, otras con menos. Esta pieza también viajó a la exposición de Córdoba pero nunca estuvo a la venta, me encapriché de ella y se quedó conmigo. La pieza está realizada con arcillas de Collet (SiO2) y sale fotografiada en los anuncios que la empresa presenta en diferentes revistas y en alguno de sus catálogos. Todo un honor para la pieza y para mí poderla compartir. La jarra es pequeña y ligera, mide 24 centímetros, no necesita mas para contar historias. El cuenco madre. Esta pieza me dio el impulso para crear la serie de cuencos que se expusieron en la Posada del Potro de Córdoba en el año 2002. El asa forma un arco de protección, como las madres cuando abrazan, cuando acunan. La foto es de Andrés Ferrer. Aquí las asas surgen como pinceladas en el aire, el cuenco casi desaparece, los tonos de color contrastados acentúan la forma. Esta pieza se expuso en la sala de Arte “El Cegonyer” de Fraga (Huesca). El 2001 fue un año prolífico en asas, exposiciones individuales (3), murales importantes, colectivas, premios y viaje a Austria,… Ese mismo año CERCO comenzó su andadura gracias a la colaboración de muchos ceramistas que apostaron por la iniciativa y vinieron hasta Zaragoza con sus piezas bajo el brazo. Una buena entrada de siglo. En la foto una copa con asas que nos transportan al clasicismo. Esta pieza de 70 cm. se expuso en la sala Barbasán de la CAI en Zaragoza. Ya le he perdido el rastro. “Cuenco para dos manos” Me vuelven a sorprender estas asas…recomendada para dos manos. Con esta pieza me concedieron el Premio para Autor Aragonés en CERCO 2001. Otra de mis piezas favoritas es esta jarra que viajó hasta Gmundem (Austria), para participar en una exposición paralela a la Feria de Cerámica que se celebraba en ese pueblo rodeado de lagos y altas montañas. Aquel año 2001 el país invitado era España, yo tuve la suerte de participar junto a otros colegas ceramistas, experiencia divertida e inolvidable. La fiesta española creo que todavía la recuerdan…chorizos, longanizas, el vino fue gentileza de unas bodegas de Cariñena, el Ron “Cremat” fue obra de Carlets…lo demás surgió del espíritu ceramista. Esta jarra también la conservo junto a mí; por cierto, muy gustosamente. Este cuenco fechado en 2001, me figura con el nombre de Manises. Le tengo perdida la pista pero recuerdo que era uno de mis favoritos. El año 2000 hice esta pieza y las asas se convirtieron en soporte y apoyo del omnipresente cuenco. Esta pieza la presente al VII Concurso de Artesanía de Aragón en el año 2000 y me dieron el Primer Premio de Pieza Creativa. Todo un placer. Los premios son lo que son y lo que no son. “Ave en Tiberíades”. Este era un cuenco para transportar el grano de la cosecha. Temas judíos en la Cerámica. Sinagoga del Tránsito. Toledo. 1999. Fui invitado por Elias Nir, responsable de la sala Adama de Madrid, uno de los espacios más activos del movimiento cerámico contemporáneos en aquellos días. La propuesta era clara; cerámica, temática entorno al mundo judío, la sinagoga de Toledo, una exposición colectiva con artistas ceramistas seleccionados por toda España, comisariado de Elías. Escogí historias entorno al lago Tiberiades. Surgieron recipientes para la agricultura, para el transporte del grano, del agua, formas primitivas, asas que abrazan el barro, el espacio. Esta pieza la participó en una colectiva organizada por el MEC (Ministerio de Educación y Ciencia) en el año 1993. Esta exposición fue itinerante y viajó, si no recuerdo mal, hasta Francia. Es un asa indiscutible, pintada de manganeso, queriendo metalizarla, frágil y con forma de jarra. Podemos enlazar con las asas en forma de orejas de este pseudo-intelectual que realicé en 1989 para una instalación en Zaragoza con motivo de una de las ferias de Cerámica Creativa de nuestra ciudad. Las asas nacen con la vocación de un “estirón de orejas”, el negro de manganeso las resalta. En el reverso de la pieza aparece una cara de un niño con síndrome de down. MURALES Y JARRAS. 1987 Esta jarra fue la portada del cartel. Esta pieza la guardo en las estanterías de mi taller, la sigo compartiendo cada día… Repasando historias y fotos de mis cerámicas, descubro que durante varios años (tres o cuatro) el asa estuvo ausente de mi creación. Las piezas no me pedían asas, en algún caso alas o botones que podían romper el ritmo superficial del torno. El año 1987, fue un buen año para mí, expuse en el Museo de Zaragoza “Muráles y Jarras” una gran serie de Jarras que me hizo pasar muy buenos ratos. Las asas ya empezaron a resurgir. En la foto: Esta una de las jarras que recuerdo con más cariño, es de principios del 87, la expuse en Vitoria, sería una de las piezas “madres” de una idea que todavía esta viva… Esta foto me transporta a la Plaza San Felipe, un primer domingo de algún mes del año 1983, dedicado a la cerámica utilitaria. Los ceramistas del colectivo preparamos piezas de uso cotidiano, a la vez piezas únicas, de autor. Vasos, juegos de café, platos y boles para el gazpacho o las olivas. Cada mes los ceramistas de la Plaza modelábamos piezas según el tema escogido, aquel día de la cerámica utilitaria preparé una serie de jarras y vasos, siempre me ha perseguido la necesidad de tener jarras y vasos entre mis piezas recientes, lo sigo manteniendo después de 25 años. En esta imagen podemos ver jarras con el asa “bien puesta”, seguro (y deseo) que habrán sido muy manoseadas. Las cajas de frutas de madera también me han acompañado en muchos escenarios. Asas estiradas con delicadeza, eso si que eran asas “bien puestas”, asas para agarrar con seguridad en vacío o llenas, asas para asir con energía en épocas de sequía o en compañía del dios Baco… Aquel año quería cumplir los veinticuatro y parecía que había descubierto los botijos. Eso si que es un asa bien puesta, la sujeto con el pulgar queriendo jugar con el péndulo botijero, la inestabilidad, la fragilidad, el botijo está en la cuerda floja, en el dedo flojo, en realidad lo amo y lo respeto. En mi mano derecha sujeto con mas firmeza una de mis piezas, con cuatro asas, son asas tímidas, como pequeñas pinceladas que salpican la superficie de la vasija, en esas asas no me cabe el pulgar, ni el meñique,…Sólo caben un montón de sueños. El cigarro entre los dedos manchados de barro ahúma la pieza y el mono de mecánico me reviste de comodidad. Esta jarra salio de mis manos en el taller que compartía en la calle Riereta de Barcelona, allí compartíamos espacio compañeros de la Massana, se respiraba cerámica, piedra de mármol, fotografía, serigrafía y demás historias difíciles de explicar. El horno construido por Domingo, me permitía darme algún gustazo como este; tornear con gres refractario y bañarlo con una cubierta transparente de baja y cocer a lo que quisieran los quemadores de gasoil. Aquí descubro otra asa que quiere bailar con la pieza, aparece truncada y reaparece en la parte baja, queriendo resucitar, es una pincelada frágil, congelada… Es una pieza de 1980, ¿Dónde andará? Durante mis estancias en la alfarería de Paco Buetas en Naval (Huesca), perfeccione la práctica del torno, conocí sus formas tradicionales y aprendí a poner asas. Cuando la vasija ya está tranquila, reposada, soltando su humedad, se nos puede ocurrir colocar un asa por varias razones. En mi caso normalmente deseaba colocar asas por pura estética. En las cerámicas de la foto se pueden ver una variedad de asas muy amplia, asas que imitan la utilidad alfarera de los pucheros de Naval, asas perfiladas que pueden dar carácter y personalidad a la pieza, asas minimizadas puramente anecdóticas para la estética de la forma. |