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 “Salgo mucho a África” como escribía J.Carbonell en la última entrevista del Periódico de Aragón. Es la frase simpática para mis amistades. Da la casualidad de que mañana viajo a Argelia a través del proyecto de la Complutense a reencontrarme con los colegas argelinos. Viaje corto, tres días, suficiente para desconectar y cambiar de aires, de cultura, de temperatura, nuevas historias,… Hasta la vuelta!
 A un artista, Fernando Malo Tus manos… trozos de ilusión buscan en la arcilla encuentran recuerdos tornean, humedecen siempre sintiendo.
Tus manos… herramientas de luz. Miman el barro recorren su movimiento estrujan, moldean guardan silencio. Tus manos… locas mariposas que llenan espacios juegan con el agua chapotean, salpican dibujan pensamientos. Tus manos… liberan fuegos inspiran versos. Tus manos de artista bailan juguetonas aman, rien cuentan cuentos. Tus manos… picaras y cómplices amasan temores expresan sentimientos. Manos de artista que saben compartir lo que siente el hombre que vive dentro de ti. Elena Mayoral Foto: Tronco en la ermita del Calvario de Alacón (Teruel).
 Salas de Pedro IV. Palacio de la Aljafería. Zaragoza. Ayer estuvo visitando la exposición Luís Franco, arquitecto en la dirección técnica de la restauración de la Aljafería. Pudimos presumir conjuntamente y poner en valor las solerías del Palacio. En la foto las salas de Pedro IV, una solería creativa y actual, realizada con un material desnudo y una decoración de óxidos de hierro y manganeso bajo una temperatura de 1250º. Lo distingue algo único, el que esté realizado a mano, pieza a pieza, el aspecto artesanal, que por desgracia ya no está valorado en estos tiempos que corren. Podemos valorar un “huevo roto” creado con las manos del sartenero, para llevarlo a la boca y pasarlo con un buen trago de tinto de garnacha, pero hace años que no se sabe apreciar un botijo recién modelado, un azulejo recién pintado, un trocito de barro acariciado…
 Fernando Malo y la tradición La implantación y desarrollo de la industrialización en este país supuso la decadencia y eliminación casi total de los procesos de producción artesanales tradicionales, de tal forma que los que no desaparecieron quedaron tan sólo en actividades marginales orientados como única posibilidad de pervivencia al mercado turístico, lo que de alguna forma pudo considerarse un renacer de la actividad artesanal, pero perdiendo la verdadera esencia de su ser. Algunos artesanos se aferraron al ejercicio de su trabajo, en la mayoría de los casos heredado de sus antepasados de generación en generación, con un admirable heroísmo y un aceptado dolor sabiendo que con ellos se acababa tradición y oficio, pero también con el desasosiego de sentirse abandonados por quienes tenían la responsabilidad de proteger y estimular el mantenimiento y desarrollo de un saber y un vivir preservado y enriquecido por siglos de ininterrumpida actividad. Grandes artistas como Picasso o Miró conectaron en algún momento de su evolución artística con la alfarería tradicional para, partiendo del conocimiento de sus diferentes técnicas, descubrir a través de ellas nuevas formas de expresión que abrieron cauces casi ilimitados a su capacidad de creación. Y como ellos, jóvenes artistas, en los años setenta, orientan su actividad creadora hacia el conocimiento y asimilación de las tradiciones artesanales revitalizándolas e introduciéndolas de lleno en los ámbitos del arte. Fernando Malo es uno de estos valientes artistas que hicieron de la tradición artesanal la razón esencial de su trabajo con la arriesgada elección, en ese momento, de identificar artesano y artista, completando su formación académica con el conocimiento directo de los métodos de trabajo de algunos alfares aún vivos, tanto en la península como en el norte de África. Pero también adentrándose en el análisis de la alfarería histórica aragonesa y experimentando con sus diferentes procesos de producción consigue dotar a sus creaciones de un especial y determinante valor de identidad convirtiéndose así en un impecable continuador de esa tradición y un maestro para posteriores generaciones.
Ese amplio conocimiento del trabajo que los alfares aragoneses han llevado a cabo a lo largo de los siglos, esencialmente a partir del siglo XIV, le ha permitido orientarse profesionalmente con una proyección que amplía su labor de ceramista, hacia la colaboración con otros profesionales en la restauración de los edificios más emblemáticos de nuestro patrimonio arquitectónico. Tomando como referencia los modelos históricos conservados en los arrimaderos, zócalos, suelos y decoraciones de los edificios realiza perfectas réplicas con las que ha sido posible restituir y poner en valor elementos o conjuntos cerámicos sin que las aportaciones nuevas perturben o desequilibren la armonía del conjunto. En este quehacer vinculado con la restauración del patrimonio histórico Fernando Malo ha ido más allá del propio de la reproducción de elementos antiguos dando a su actividad una dimensión experimental para, a partir de diseños, materiales y colores pervivientes, realizar nuevas formas evocadoras de su origen histórico pero totalmente incardinadas en el panorama actual de la creación cerámica. Así, la ancestral fusión de tierra, agua y fuego, en las manos de Fernando Malo es fusión también de la herencia del pasado y la latente expresión de una vocación creadora que abre perspectivas inéditas y horizontes esperanzadores al desarrollo y evolución del arte de la alfarería desde la esencia misma de la tradición y el amor al oficio elegido, desde la experimentación y el conocimiento, desde la identificación de alfar y taller, en definitiva, desde la unidad de hombre, artista y artesano manifestándose en el objeto creado. José Félix Méndez
 Azulejo de arista y azulejo de cartabón. Restauración año 2001.
 Iglesia de Stª Justa y Stª Rufina de Maluenda (Zaragoza). Dos modelos azulejo de arista, dos modelos azulejo sobrecubierta. Restauración año 2006.
 Hoy por fin me he puesto a tornear. He quitado las telarañas y las costras arcillosas de los tornos, un encargo me lo demandaba hace meses. ¡Que placer! Conocer y poder disfrutar de esta manera de modelar el barro; es un lujo. Me relaja, me limpia la mente y a la vez me hace pensar. El torno gira y gira, como la vida, como la tierra, el sol, la noche y el día. La vida pasa y transcurre irremediablemente, una veces mas deprisa, otras parece que no se acaba el día, o la noche. Yo tomo la decisión de llevar la arcilla hacia un lado o hacia otro, intento buscar la forma más bella y satisfactoria que sugiere mi mente. El tiempo la secará y endurecerá, el sol seguirá girando como hoy mi torno. Las llamas del horno consolidarán sin posibilidad de vuelta atrás la forma de la arcilla. Mañana seguiré torneando, no sé el qué, para acompañar el giro del sol y de la luna.
 Únicamente para los que viven lejos de Zaragoza, para los impedidos, para los estresados que no tienen tiempo de pasear, también para los comodones y perezosos, incluso para los que exclusivamente saben disfrutar de lo virtual, para todos ellos, este paseo fotográfico. Se puede pinchar en el enlace del blog “Historias de mi cerámica” : Fotos-Expo.Alfar Mudéjar. La muestra va acompañada de música y de un joven que te puede guiar por la exposición. En la sala didáctica se puede ver el video “Alfar Mudéjar”, además se puede visitar la tienda del Centro de Artesanía CADA y la colección de piezas de CERCO. Recomiendo, al que pueda, sustituir lo físico por lo virtual.
 El municipio de Quart (Girona), celebrará los días 6, 7 y 8 de diciembre la XX edición de la Feria de Alfarería Catalana. Se trata pues, de una de las ferias más veteranas del país, y esperamos que puedan cumplir muchas más años dando apoyo y promoviendo la alfarería. El cartel me ha encantado. ¡Que no decaigan las ferias de alfarería y cerámica! Este es el contacto del Ayuntamiento de Quart para quien esté interesado en asistir: Plaça de la Vila, núm. 2 17242 QUART Tel. 972 469 171 Fax 972 468 780 Email: ajuntament@quart.cat
 UNA MIRADA AL MUDÉJAR © José Luis Corral, 2009
En el siglo XIX, una época en la que la Edad Media era contemplada desde una mirada tamizada por la obsesión por lo romántico, a los musulmanes que siguieron practicando libremente su religión bajo dominio político cristiano se les denominó como mudéjares, y este fue el nombre que recibieron las manifestaciones artísticas, especialmente en arquitectura, carpintería y cerámica, que fueron obradas por individuos de este grupo humano. En el reino de Aragón los mudéjares constituyeron una importante minoría a partir del siglo XII. Establecidos en barrios específicos, las aljamas, en las ciudades más relevantes y en muchos pueblos de las zonas de regadío de los valles de los ríos, se erigieron en avezados agricultores y excelentes artesanos. Obligados a convertirse al cristianismo a la fuerza en 1526, lo hicieron, pero siguieron practicando de manera clandestina su religión y sus ritos religiosos, lo que provocó la acción en su contra de la Inquisición. Entonces pasaron a denominarse moriscos. No cambiaron mucho sus costumbres ni su dedicación, aunque vieron cómo se cerraban o se derribaban sus mezquitas, cómo eran obligados a bautizarse y cómo se les prohibía celebrar sus ceremonias religiosas islámicas. Pero siguieron siendo expertos agricultores y magníficos artesanos. En 1609, el rey Felipe III decretó la expulsión de los moriscos de España, pues tras un siglo de conversiones obligatorias no habían olvidado su religión islámica y seguían practicándola y enseñándola a sus hijos de forma críptica en el círculo familiar. La expulsión de los moriscos, los descendientes de los mudéjares medievales, provocó una crisis económica notable, pero sobre todo privó al reino de Aragón de sus mejores artesanos, especialmente los alarifes del ladrillo y los ceramistas. En el mundo de los alfares, el impacto fue tan demoledor que la cerámica aragonesa jamás volvió a alcanzar el grado de maestría y calidad que logró en los siglos XV y XVI. Hace ya trescientos años que los alarifes, los carpinteros y los alfareros mudéjares y moriscos dejaron de construir iglesias cristianas y palacios de la nobleza aragonesa, aleros de madera labrada y artesonados asombrosos, y escudillas y platos de delicados dibujos y reflejos metálicos. Pero en el paisaje aragonés el "espíritu mudéjar" sigue presente en miles de panorámicas. En las etéreas torres de Teruel, en las calles de Daroca, en las iglesias y palacios de Calatayud y de Tarazona, en el perfil de decenas de pueblos aragoneses, en los que un campanario o un paño de ladrillo mudéjares identifican de un primer vistazo la esencia patrimonial de Aragón. En el siglo XXI los seres humanos estamos perdiendo algunas referencias que en pasadas centurias fueron esenciales, y seguramente estamos olvidando los sentimientos en la historia. Nos atrae el pasado por lo que tiene de exótico, de misterioso o de iniciático, y porque nos han dicho que en ese pasado, tan desconocido para la mayoría, están nuestra raíces. Lo mudéjar, para Aragón, es una de las más profundas y más definitorias. Porque nos recuerda, o así debería hacerlo, que algunos de nuestros pasados no fueron tan oscuros, bárbaros o salvajes como el racionalismo de la Ilustración o el positivismo conservador nos presentaron. Porque hubo un tiempo en el que, en Aragón, fue posible que un alarife musulmán de Calatayud, que se sentía tan aragonés como un mercader cristiano de Borja, fuera contratado para construir una iglesia en la que los cristianos rezaran a Cristo, o una sinagoga en la que los judíos leyeran la Torá, y no se provocara ningún recelo por ello. Porque hubo un tiempo en el que alarifes, carpinteros y ceramistas mudéjares crearon aquí un universo propio de sensaciones estéticas que todavía podemos contemplar. Porque hubo un tiempo en el que fue posible, con problemas desde luego, la convivencia de gentes que entendían la religión de forma diferente. Tres siglos después, recuperado el arte mudéjar aragonés y declarado como patrimonio de la humanidad, Fernando Malo se ha propuesto beber de aquella herencia artística y emocional. Y lo hace desde la modernidad y la experimentación por lo nuevo y lo creativo, pero sin renunciar al reconocimiento del pasado, con su mirada escrutadora hacia lo mejor de la herencia mudéjar, encaramado a los hombros de aquellos gigantes de antaño a los que el maestro Bernardo de Chartres, en el siglo XII, recomendaba a sus alumnos que se subieran si querían ver más allá del horizonte limitador. Miremos hacia ese pasado con los ojos bien abiertos, aprendamos cuanto tuvo de positivo y sigamos adelante. Sigamos.
 Otra perspectiva de la torre de Ateca. Aquella mañana fui a buscar al párroco a su casa; al decirle quién era y lo que queríamos, torció el morro preguntándome si era un ceramista de Muel y que la restauración de las piezas comenzaba a fallar porque los colores de las columnas más cercanas al suelo ya se estaban desprendiendo. Pude comprobar que realmente la cubierta del esmalte estaba saltando, pero era de las piezas originales que en su debido momento no se habrían consolidado o protegido lo suficiente por parte de la empresa de restauración. Mis piezas seguían allí, como recién sacadas del horno, recordando la estética musulmana de sus artesanos. Una visita obligada a Ateca, por tierra mudéjar, no muy lejos de Calatayud.
 Torre de la iglesia de Stª María de Ateca (Zaragoza). Impresionante torre del mudéjar. Aquí hicimos ataifores (platos) y columnas de 70 cm. con la ayuda de mi querida amiga y colega ceramista Ángeles Casas. Colores preciosos, verde y miel, con mucho sabor y olor a morisco artesano. Esta restauración se hizo en el año 2003. Todavía recuerdo el relámpago que cayó en la torre mientras yo “in situ”, colgado en el andamio, trataba de integrar pictóricamente los ataifores verde y miel que permanecían en la torre.
 Una de las claves importantes del catálogo son las maravillosas fotos de Antonio Ceruelo. Aquí podemos ver el cimborrio de la Catedral de Ntra. Sra. de la Huerta de Tarazona, fue en nuestra segunda ruta mudéjar a finales del mes de agosto.
 Miguel Angel Gil, inaugura mañana a las 19 h. su exposición "Algunas impresiones sobre barro, o las virtudes de la inconsistencia" en la sala del Centro Mesonada de Utebo frente a la torre mudéjar. Se podrá visitar hasta el 5 de diciembre. Enhorabuena Miguel Ángel, allí nos veremos. Horario de visita: 10 a 14 h.: martes a viernes y domingo. 16 a 21 h. martes a sábado  Podría ser un sueño o una ilusión el que los alfares mudéjares continuaran su creación artesanal en nuestros días. Podría ser una realidad que cuatrocientos años después, los artesanos aragoneses que profesaban otra religión diferente a la cristiana, continuaran embelleciendo nuestra vida y nuestro entorno. La cerámica como fiel testigo continúa siendo un narrador de la historia, la cerámica siempre ha sido el hilo conductor de culturas, civilizaciones, arte,… Un encuentro casual con el arquitecto encargado de las obras de restauración de la Catedral de La Seo de Zaragoza proponiéndome un reto con la fachada mudéjar de la Parroquieta de San Miguel, supuso una experiencia cerámica que marcaría el trabajo de mi taller a partir de entonces. La cerámica ha de ser siempre un desafío con los cuatro elementos, un juego creativo que nos libre de la monotonía, que deje espacio para la sorpresa y la imaginación. Treinta años en el oficio, dieciocho entre cerámica mudéjar, mas de veinticinco monumentos, las ocho capillas de la La Seo de Zaragoza, los 800 m2 de solerías en el Palacio de la Aljafería, hornadas de lujo, noches para olvidar ya olvidadas, viajes, pruebas de colores y nuevos descubrimientos, gran equipo de colaboradores y colaboradoras, amigos y técnicos, andamios, kilómetros, rincones con olores centenarios, ladrillos sobados, torres esbeltas, el sube y baja de escaleras de caracol polvorientas, veletas, palomas, albañiles y encargados de obra, ensayos de laboratorio, electricistas y carpinteros, arquitectos, aparejadores, restauradores, soledad, silencio, frío invernal, cierzo, sol de agosto y botijo, y esa satisfacción de ver colocada nuestra cerámica, para compartir con todos, vecinos, estudiosos, turistas, amigos,… para formar parte de la historia. Alfar Mudéjar siglo XXI muestra a modo didáctico las diferentes fases de la arcilla, las técnicas utilizadas y los procesos de restauración. El proyecto es un paseo por la historia de la cerámica en la arquitectura mudéjar. Nos hará recordar la importancia de la artesanía del barro, de todas las artesanías, de la mano del hombre unida a sus sentimientos, de la importancia de las cosas sencillas y cercanas, del paso del tiempo vivido, del aprendizaje transmitido de generación en generación. Nuestro Alfar, nuestro Mudéjar y nuestro siglo XXI tratan de unir la tradición, la historia y la modernidad. Aunque parezca que la Edad de la Cerámica está llegando a su fin, aquí se muestra una vez más el poder del barro, el misterio de su alquimia, la sencillez de la arcilla y la fuerza de su lenguaje. Fernando Malo
 Hablar del Mudéjar, es hablar de Aragón, de nuestra historia, pero sobretodo es hablar de artesanía, de esas manos artesanas que nos han dejado hermosas muestras en torres, capillas y palacios de nuestro rico patrimonio aragonés. El paso del tiempo nos demuestra que el trabajo minucioso de alarifes y ceramistas, arquitectos o herreros, realizado con vocación y delicadeza puede persistir ante cambios culturales, políticos, religiosos y estéticos. Fernando Malo, maestro artesano de nuestra tierra mudéjar, nos sirve de hilo conductor entre la tradición alfarera de finales de la Edad Media hasta nuestro siglo XXI. Su taller en San Mateo de Gállego, cuenta con 18 años de experiencia en la restauración de monumentos donde la presencia de la cerámica se hace notable, La Seo de Zaragoza, el palacio de la Aljafería, la catedral de Tarazona o torres como la de Ateca o Utebo, son alguno de los ejemplos mas significativos. Este Alfar del siglo XXI también apuesta por la creatividad artística, el diseño y las nuevas tecnologías, recordándonos la importancia que debe tener la presencia de la artesanía en nuestra sociedad actual, en la arquitectura, en la decoración, en nuestra vida cotidiana, en nuestro entorno. Desde el Departamento de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno de Aragón a través del Centro de Artesanía de Aragón se inicia este proyecto expositivo y didáctico que pretende mostrar las raíces de la cerámica mudéjar, un proyecto emprendedor, itinerante, para compartirlo en escuelas, municipios, dentro y fuera de nuestra tierra aragonesa, porque la artesanía no tiene fronteras. Arturo Aliaga López Consejero de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno de Aragón.
 Me acerqué un poco más para descubrir los modelos de azulejo. El de la foto es la cenefa de arista que más aparece en la catedral de La Seo de Zaragoza, esta vez colocado curiosamente en vertical. Al ampliar la foto he descubierto la paloma que estaba posando para la foto. Impresionante torre.
 El primer cuerpo tiene adornos de esquinillas y rombos, con un grosor en sus paredes de 1,60 mts., el segundo presenta rombos y arquerías quebradas, y un grosor de muros de 1,50 mts., el tercero muestra óculos, rombos y vanos de medio punto, una anchura en sus paredes de 1,10 mts., en este cuerpo se encuentra situado el campanario, el cuarto presenta la misma decoración, y hasta el final de la torre una anchura en sus muros de 70 ctms.; y finalmente el quinto, además de los óculos, tiene dientes de sierra y un chapitel añadido presumiblemente en el siglo XVIII . *Información sacada de la web del ayuntamiento de Muniesa. Hice esta foto del segundo cuerpo en busca de sus azulejos.  Ayer de viaje hacia Alacón paré en el pueblo de Muniesa para contemplar su maravillosa torre mudéjar del siglo XVI. Eran las doce del mediodía y el campanario de la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción repicaba a misa en el día de Todos los Santos. Es la única torre de planta octogonal que aparece en la provincia de Teruel, un auténtico espectáculo de filigrana mudéjar de 55 metros de altura. Monumento nacional desde el año 1931. Hay que recordar que el mudéjar de Aragón ha sido designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el 2001.
 Una mañana de paseo por los Aguarales de Valpalmas, con amigos, desconexión de la exposición, del taller. Arcilla presente por todos los rincones de las esculturas modeladas por la naturaleza.
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