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Tócame, página 7 - 8 - 9.

Tócame, página 7 - 8 - 9.

FERNANDO MALO

La apasionada metamorfosis de una cerámica singular


Desde la primera exposición individual de este gran maestro de la cerámica, celebrada en Isiegas en 1979, hasta esta última cita en el Torreón Fortea, enmarcada dentro de la singular feria CERCO en Zaragoza, nos encontramos, de nuevo, con una de las trayectorias individuales más notables del país. Una aportación que sirve, además, y sobre todo, para consolidar esta disciplina artística en la corriente principal del arte contemporáneo.

Tócame, título elegido por Fernando Malo (Zaragoza, 1957) para esta magnífica muestra, es una reivindicación del tacto humano: Sin duda el hombre es el más inteligente de los seres vivos porque tiene manos. Anaxágoras dejó escrito que “la inteligencia del hombre se debe a que es capaz de utilizar un gran número de utensilios, de instrumentos y la mano es el instrumento de los instrumentos, el órgano de los órganos”. La dignidad del “homo faber” es usar las manos para desarrollar ideas y conceptos: Un creador como Fernando, ama el ser, ama la obra que le permite sentir y expresarse, como lo hace aquí, en este encuentro que nos reúne, endiabladamente bien.

Rimbaud dejó escrito que “la mano de un escritor no es mejor que la mano que conduce el arado del campesino”. Un buen recordatorio para esos artistas teóricos que les aterra mancharse las manos de barro, pintura, polvo de mármol o hierro. Las manos de Malo, modelan, modulan y trasmiten al barro sus sensaciones, sus sueños y en definitiva, su inagotable energía.

Los alfareros comprueban el punto de cocción de una pieza con varios sonoros “toc´s” ese “toc, toc” onomatopéyico dio paso a la palabra tocar. Fernando jamás manosea ni soba el barro, no necesita hacerlo para humanizar sus cerámicas cuando palpa, acaricia, pellizca, pincha, frota, cuece, esmalta, decora… Siempre bajo la magia y la alquimia de la tierra, el agua, el aire y el fuego. Decía el gran Bogart: “Tócala otra vez Sam...”

El artista aragonés posee ese aire aristocrático que da haber estudiado en la Massana de Barcelona, claro está que en San Mateo de Gállego no se dejan impresionar fácilmente, a pesar de que Fernando es uno de sus vecinos más ilustres.

Cuentan que los espíritus de algunos antiguos alfareros, habitan las soberbias torres mudéjares de Aragón… Torres, palacios, iglesias, catedrales monasterios e incluso castillos como el de Benedicto XIII (conocido como el Papa Luna) en los que Fernando ha intervenido, artísticamente, realizando diversos trabajos de restauración , mientras se encontraba a su vez, con la memoria y presencia testimonial de miles de alfareros y ceramistas de otro tiempo, que con su herencia, han trasmitido a Malo todos los secretos de la cerámica: la diabólica geometría de sus diseños, la técnica de los azulejos de arista, las pastas y los esmaltes más bellos.

Suponemos que los susurros de nuestros antepasados solo son captados por los ceramistas más sensibles, si bien es cierto que el artista no ha vendido su alma como Fausto, si ha conseguido comunicarse con una sabiduría milenaria acumulada durante siglos, una sabiduría que en ciertas ocasiones quedó cortada con la expulsión de los moriscos o los judíos.

Si como dicen, la diversidad enriquece, en la obra cerámica de Fernando Malo ésta alcanza límites prodigiosos: Domina la pintura o los murales, la cerámica de torno, la hechura manual y la escultura cerámica. Fernando Malo no busca, encuentra, de ahí la riqueza de matices de su cerámica.

Los cambios o modificaciones morfológicas de la naturaleza que siempre han inspirado a grandes escritores como Ovidio, Goethe o Kafka, son también una fuente de inspiración para la cerámica de Malo. En uno de sus numerosos murales podemos ver como la materia (en este caso el barro) se transforma en un vértigo de geometrías de gran complejidad. ¡Aquí palpita el espíritu de las torres mudéjares! Por otro lado, en la serie “Arquitecturas” se combinan formas cerámicas de gran raigambre histórica con articulaciones, lo que parecen “ramas” de barro, prolongaciones de la forma, en definitiva, la magia de ver crecer la forma cerámica más allá de sus confines naturales.

El ceramista lleva al límite sus composiciones: Formas rasgadas, rotas rodeadas por brazos de barro; incluso un gran cuenco, encima de una base realizada con “ramas” de barro desnudo.

En ocasiones Fernando Malo aborda proyectos de gran enjundia y se entrega en cuerpo y alma a complicados retos de obra pública, sumergiéndose en ámbitos de mayor dimensionalidad, donde resplandece, todavía más, si cabe, su talento.

La universalidad de su cerámica ha nacido en un cruce de caminos: Le han visto en los tórridos paisajes de Argelia o Túnez compartiendo su sabiduría de la cerámica. Se le vio en las etapas pioneras de la Plaza de San Felipe o en el Colectivo de Cerámica y Ceramistas, compartiendo espacio e iniciativas, encandilando a los artistas en Cerco
con sus creaciones, con su humanidad, con su generosidad y simpatía, con esa sonrisa permanente e imperturbable, que nunca le abandona y que debe haber heredado de esos espíritus inquietos, como el suyo, que todavía habitan las torres mudéjares del gran Aragón.

La exposición “Tócame” en el Torreón Fortea, marcará época. Permanecerá, por largo tiempo, imborrable en la memoria, la nostalgia de un lenguaje apasionado, de una narrativa expresiva, repleta de fuerza.


Antonio Vivas Zamorano
Director de la Revista CERÁMICA
Miembro de la Academia Internacional de la Cerámica.

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