
Esta foto me la envío el amigo García Bandrés, enamorado de estos rincones.
Se pueden apreciar los ventanales abiertos y cerrados sin aparente lógica a través del muro, también el arco-pasadizo entre la Catedral y el Palacio Arzobispal.
La Lonja de Zaragoza y el Pilar quieren asomar al fondo, los cuatro paseantes apenas contemplaban la desecha fachada, parecía estar castigada con el paso del tiempo…
Parece que ha pasado tanto tiempo…